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Autoconocimiento

¿Puede la obsesión llegar a ser beneficiosa?

Si hablamos explícitamente de obsesión, normalmente lo consideramos algo malo, pernicioso. Pero, en realidad, caemos en la adulación y admiración de muchos comportamientos obsesivos.

Obsesión por la obsesión

La capacidad para pensar y comportarse de forma obsesiva ha sido un rasgo que siempre hemos asociado al ser humano. Pero no sólo eso, nos fascina. O, al menos, nos entretiene.

Una cantidad no desdeñable de ficciones (en literatura, teatro, cine, series de televisión, etc.) así lo demuestra. Quizás una de las más características, y graciosas, sean esas pelis de sobremesa de las cadenas de televisión generalista. En ellas, crimen, amorios y obsesión son ingredientes casi obligatorios.

Es verdad que hay animales que sienten auténtica devoción por sus «amos o amas», compañer@s, hij@s… Pero, en el fondo, creo que tod@s percibimos que en ellos no se produce la obsesión de la misma forma que en los humanos. Esa capacidad de entrar en bucles de pensamiento, de idealizar, de aferrarse a una idea, ser u objeto… parece bastante humana.

Heroína o villana

En general, creo que la obsesión es percibida como algo pernicioso. Algo a evitar tanto en nosotr@s como en las personas de nuestro entorno. A nadie le gusta obsesionarse con algo «hasta que duele» y, desde luego, no nos gusta ser objeto de obsesión, al menos a medio o largo plazo.

Se que hay un doble juego en todo esto, y que a nivel más insconsciente un@ se puede «enganchar» a la obsesión, pero creo que «en frío» nadie lo considera algo bueno. No os quiero comentar ya, los que lo hemos llegado a un extremo patológico, como es el caso de los que hemos experimentado el TOC o Trastorno Obsesivo-Compulsivo.

Sin embargo, no hace falta rascar mucho tampoco para encontrar casos de obsesión que son considerados no sólo beneficiosos, sino nobles e incluso loables.

Ejemplos de científic@s como Einstein o Marie Curie, deportistas como Messi o Serena Williams, empresarios como Elon Musk o Amancio Ortega, etc. Pero también artistas, polític@s, famosetes… Se trata de ejemplos claros en los que una obsesión por algo, generalmente una idea, les ha llevado a llegar muy lejos y a ser reconocid@s por gran parte de la humanidad.

Y también, como hemos comentado antes, existe multitud de personajes de ficción que, obsesionad@s por una idea, han logrado abrirse un hueco en el corazón de miles de seguidor@s. Se me ocurren Hércules, Beatrix Kiddo (de Kill Bill), Spiderman, Indiana Jones, Beth Harmon (de Gambito de Dama)…

Es la gente que se obsesiona con algo (normalmente con conseguir algo), la que parece que logra ir más allá del resto, llegar a la cima más alta o adquirir mayor estátus.

Incluso a un nivel igual no tan popular, la mayoría también seguimos a personas, sino obsesionadas, sí tremedamente interesadas por cierto deporte, la nutrición, la política, la autoayuda, la lectura, etc.

Bonita contradicción

Sabéis que me encanta detectar contradicciones. Es uno de los caminos más eficaces que conozco para crujir el ego. Cuando valoramos algo a través de los conceptos, las ponderaciones, los gustos y aversiones, los opuestos… Tarde o temprano llegamos a contradicciones. No sólo de la sociedad, sino nuestras. Las contradicciones que vemos fuera primero se han tenido que gestar dentro de nosotr@s.

Así, dependiendo de nuestro estado de ánimo, del tema del que estemos hablando o de cómo nos afecta a nosotr@s, la obsesión nos parece mala, regular o buena.

Al final, la obsesión no es más que un aferramiento fuerte a una persona, idea, objeto u actividad. Es lo que creemos que en un momento determinado nos hace sentir vivos, plenamente «comprometid@ con algo o alguien. Hay quién, por ejemplo, tiene un fuerte apego por el running. Así, muchas personas dicen que si no corren 3 ó 4 días a la semana «no son personas». O aquellas que sin un trabajo que les llene, no se sienten bien. U otras que viven por y para los hij@s. Ejemplo hay miles. Prácticamente tod@s tenemos los nuestros.

En el comienzo, todo parece ir bien: mejoro físicamente, soy reconocid@ en mi trabajo, proporciono a mis hij@s todo lo que puedo y más… Pero, con el tiempo, la obsesión o apego excesivo, va erosionando todo lo que toca, como ocurría en la fábula del rey Midas. Primero, al estar centrad@s en algo en concreto, vamos dinamitando el resto cosas: relaciones, salud, otros intereses… Pero a largo plazo, la obsesión va haciendo mella sobre el propio objeto de la obsesión y se producen enfados, frustración, patologías… Y, por último, acaba destruyendo, o deteriorando, nuestro propio ser. Mejor no dejar que la sangre llegue al río, ¿no crees? 😉.

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