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La muerte: el miedo latente

Existen pocos seres humanos que no tengan miedo a la muerte. La mayoría damos por sentado que no es posible vivir sin ese miedo rondando por nuestras cabezas a diario. Pero… ¿hemos tratado de abordarlo directamente y con valentía alguna vez?

El miedo primordial

La muerte no deja indiferente a nadie. Hay personas a las que les encanta abordar el tema (a través de lecturas, debates, prácticas esotéricas, actividades peligrosas, etc.) y hay personas, la mayoría según mi experiencia, que intentan evitarlo a toda costa.

En nuestra cultura se trata de un tema tabú. La muerte, y la enfermedad por su fuerte asociación con ésta, es un concepto a evitar en nuestras conversaciones y pensamientos. En general hay pocos libros, programas de TV, documentales, artículos dedicados a la muerte. Y cuando alguien crea algo relacionado con ella, suele ser de un ángulo morboso, especulador y/o supersticioso.

Normalmente, cuando alguien quiere publicar algo relacionado con la muerte lo suele hacer de forma que genere satisfacción superficial o esperanza. Es lo que vende. Las personas sentimos gran curiosidad por los sucesos y por el misterio que hay alrededor de la muerte, pero no por la muerte en sí misma.

Abordar la muerte de frente suele generar aversión, como suele hacerlo enfrentarnos directamente a cualquiera de nuestras sombras. Porque lo que solemos hacer no es cuestionarnos sobre la muerte, que es algo desconocido. Lo que solemos percibir en realidad es nuestro miedo a la muerte, y eso nos hace enseguida caer en escapes como el morbo y la especulación hiperoptimista (en el sentido de que con la muerte no se acaba nuestro «yo»).

La muerte siempre es un concepto

Como suelo comentar en los posts, nuestra interfaz humana parece basarse en tres pilares: espacio, tiempo y objetos. No tenemos ni idea de como es la realidad que está ahí afuera, pues nos guste o no, y por más aparatos sofisticados que utilicemos, siempre vamos a percibir la realidad en base a este filtro, a esta interfaz.

Los objetos no son más que conceptos que creamos para movernos por la realidad, el objeto árbol, amanecer o catedral lo catalogamos como objeto porque antes hemos creado un concepto de lo que es un árbol, un amanecer o una catedral. Si no, seríamos incapaces de diferenciarlos del resto de cosas que vemos. No seríamos capaces de fragmentar y catalogar la información que nos llega a través de los sentidos. Además, gracias a nuestro intelecto, y al fomento probablemente excesivo que hemos hecho del mismo, hemos creado multitud de conceptos para referirnos a cosas que no pertenecen al mundo físico, al menos no de manera directa. Capitalismo, religión, el «yo», arte contemporáneo, derechos humanos… y la muerte.

¿Hay seres vivos que mueren? Por supuesto que sí, pero sólo dentro de nuestra realidad. La muerte es un concepto que hemos creado nosotros para describir un proceso físico que tiene lugar en el universo. Podemos ver la subjetividad de la muerte si pensamos en la fuerza que adquiere dependiendo a qué hagamos referencia. Puede hacer referencia a conceptos abstactros (la muerte del sistema feudal), a seres vivos «insignificantes» (la muerte de bacterias microscópicas), a seres algo «menos insignificantes» (la muerte de una célula de nuestro cuerpo que se regenera al poco tiempo), a la muerte de un ratoncito, de un perrito, o de un ser humano.

Si os fijáis, el concepto de muerte, y la sensación de miedo que lleva asociada, va reforzándose a medida que el concepto/objeto o ser vivo que la padece va adquiriendo un «yo» más fuerte. Y el concepto de «yo» más fuerte que construimos, normalmente, es el asociado a nuestro cuerpo, nuestro nombre, nuestros recuerdos, nuestras relaciones, nuestros estátus, etc. Esa visión egocéntrica que tod@s parecemos compartir.

Pero la muerte, mientras la abordemos con el pensamiento, siempre será un concepto. Pues es algo que imaginamos. No podemos experimentarla directamente sin perecer en el intento. Y, aún así, seguramente seremos incapaces de abordarla de forma consciente. Pues suele llevar asociada la pérdida de la consciencia.

Siento decepcionarte

Si has comenzado a leer este post buscando el santo grial con respecto a la muerte, para poder liberarte de ella y/o el miedo a ella con una lectura de 5-10 minutos… siento decepcionarte. La muerte de un@ mism@ es algo que no se puede abordar con el pensamiento, pues éste sólo sabe moverse sobre eventos pasados.

Pero, creo que merece la pena abordar sobre lo que hemos comentado antes sobre el «yo». Cuanto más fuerte es nuestro sentido del «yo», más miedo a la muerte tenemos. Por tanto, si quieres abordar el tema de la muerte, te aconsejo que antes analices el concepto del «yo», de ti mism@, que tienes. ¿Tiene sentido? ¿Es un concepto que te ha sido inculcado? ¿Es innato? ¿Crees que los otros seres vivos tienen sentido del «yo»? Aparentemente, no lo tienen, lo que no les impide mirar por su supervivencia, sin neurotizarse continuamente pensando en ello y temiendo que ocurra en un futuro más o menos cercano o lejano. ¿Por qué no nos importa que se muera una de nuestras células y nos importa tanto que la palme el organismo entero? ¿Realmente somos tan importantes, tan únicos, imprescindibles?

La realidad es que, hay veces que funcionas sin un «yo». Cuando estás «enfrascad@» con una tarea (in the zone), maravillad@ con algo que ves u oyes, intimando física y mentalmente de manera plena con alguien… el «yo» desaparece. No es que desaparezcas tú, lo que hay detrás del concepto en sí. Pero sí desaparece, aunque sea por un corto periodo de tiempo, ese sentido del «yo». Y ahí no hay miedo a la muerte. Sin el sentido de un «yo», no puede haberlo.

Si esto es verdad, y es algo que tendrás que verificar en base a tu experiencia, pues de otra manera no sirve para nada, la pregunta que surge es, ¿y puedo incrementar la aparición de esos momentos y alargar su duración? No entres en especulaciones arbitrarias, expectativas, con ansia de encontrar la solución, buscando el cómo. Quédate con esa pregunta, deja que resuene en tu interior, sin caer en automatismos e inercias. Y si caes, simplemente observálas. Es imposible entender un problema en toda su amplitud y profundidad si únicamente te enfocas en la solución, en escapar de él.

Hasta aquí el post 😊. Seguramente siga abordando este tema del «yo» en el blog, pero te animo a que lo indagues por tu cuenta. Pues ahí reside la verdadera fuerza de cambio. El blog te puede aportar alguna pequeña clave, pero no te va a dar ninguna solución. Más bien algún entretenimiento. Pero seguro que buscas algo más.

Conectemos

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2 respuestas a «La muerte: el miedo latente»

Tras tratar de abordar la muerte durante bastante tiempo de varias formas (lecturas, conversaciones conmigo y con otros, etc.) creo que estoy empezando a «ver la luz» (no la del final del túnel todavía! 😛). Hay momentos en que mi yo es tan fuerte que me entra un colapso mental de imaginar que ya no estoy. Como si yo fuera tan imprescindible para la existencia… Qué doble moral y cuánto ego: apreciarse tanto que uno tiene miedo a dejar de ser. Y estoy empezando a pensar que quizá lo único que me andaba preocupando es llegar a ese final sin estar en calma.

Gracias por abordar este tema 😍
Sinceramente, el blog me da paz. Poder compartir pensamientos que uno cree imposibles y ver que no sé es tan especial (y a la vez sí).

Gracias por seguir aportando 😊

«lo único que me andaba preocupando es llegar a ese final sin estar en calma». ¡Que bueno!

Hay que exteriorizar y compartir, di que sí. Es una buena forma de indagar. No todo tiene porque ser interiorizar. Y así, probablemente nos demos cuenta de que no éramos tan especiales, sino de que hay muchas cosas que, simplemente, nos guardamos por vergüenza o por otras causas.

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