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Autoconocimiento

Soltando lastre

Hemos sido condicionad@s desde bien pequeñit@s para protegernos, acumular, crecer, evolucionar, ser más y mejores. Con algunas pinceladas de dar, de soltar, de compartir, pero dejando claro cuál es la prioridad, sobre todo porque el ejemplo vale más que las palabras.

Cuanto más, mejor

Desde pequeñ@s se nos inocula una norma aparentemente irrechazable: Debemos tratar de tener más, ser más, llegar más lejos, mejorar, trascendernos, evolucionar, etc.

Me da la impresión de que la generación de mis padres «bebió» grandes cantidades de esta teoría por las circunstancias que les tocó vivir: un gran progreso económico y social en poco tiempo que ayudó a generar la idea de que todo era posible. De que siempre se podía ir a más. Tanto individual como colectivamente.

No tardaron en aparecer los primeros síntomas que hacían presagiar que esto, quizás, no era posible. Pero ya era demasiado tarde: el ideal, ya estaba instalado en la mayor partes de la cabecitas humanas del planeta. Y propagándose vertiginosamente.

Vivimos con la ilusión de que el ser humano es el único animal libre, y resulta que somos tan cabezones que somos capaces de hacernos a nosotr@s mism@s y a los demás auténticas tropelías con tal de no cambiar de idea.

Los síntomas del cambio necesario

Así, seguimos instalados en esta necesidad de «ir a más». De momento no nos detiene ni la degradación del medio ambiente, las ya crónicas crisis económicas, la mayor polarización y crispación continua entre diferentes sectores de la sociedad, ni siquiera la » gran tapada» crisis psicológica.

Cada vez se prescriben más y más medicamentos para las afecciones mentales y emocionales. Hay más suicidios. Cada vez más personas tienen la sensación de haber perdido el norte, el propósito, su función, una razón clara y manifiesta para vivir. O esa es mi sensación.

Se van callendo poco a poco las «misiones» históricamente predominantes: ser una persona religiosa y cumplir con las normas de la doctrina escogida o impuesta, luchar por la patria, por los ideales políticos, por los hij@s, por la familia…

Lo intentamos sustituir por otros valores, que parecían ser más consistentes, como otro tipo de luchas ideológicas, la búsqueda de estátus profesional, de mayor riqueza económica y financiera, del culto al cuerpo, del ahora llamado desarrollo personal… La eterna huída hacia delante.

Pero, al final, siempre queda esa sensación de vacío. Y se van acabando las opciones.

Cambio de perspectiva

Quizá, lo que necesitemos, sea un cambio de otro tipo. Un cambio más radical. En lugar de sustituir una idea por otra, una razón por otra, quizá tengamos que aprender a convivir con ese vacío. Reconocer que, sin todas esas cosas, no somos nada. Y que, quizás, ser nada, no era tan malo como nos lo habían planteado.

Es posible que, desde esa nada, ya nada ambicionemos. Ya no tengamos la necesidad de luchar contra los demás por pillar un mayor trozo del pastel. Por tratar de alcanzar un ideal, y, por el camino, dejar las relaciones de lado.

Pues, realmente, según parece indicar la física cuántica, somos eso: relación. El observador y lo observado. Una cosa no existe, o no podemos saber si existe, sin la otra. Si ponemos por delante una idea, que no existe, y dejamos de lado las relaciones (con el medio ambiente, con el resto de personas y con nuestro cuerpo-mente), que sí existen, consecharemos resultados como los que estamos teniendo. Desconectados de nuestro entorno, de los demás, de nuestro cuerpo y de nuestra mente.

Las guerras, sean estás bélicas, verbales o psicólogicas, nacen de la mente. De la de tod@s y cada un@ de nosotr@s. Puedes cambiar una ambición abominable por otra considerada noble. Pero la ambición genera confrontación, conflicto, contradicción. Podemos seguir disfrazándola, o podemos, aunque dé un miedo que te cagas, reconocerla. Y desde esa honestidad con un@ mism@, dar pie al nacimiento de una nueva forma de ver el mundo, la vida, la realidad, y tu lugar en ellos.

Conectemos

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6 respuestas a «Soltando lastre»

Pudiera ser… Lo mejor que lo confirmemos o desmintamos por nosotr@s mism@s ;-). Por eso tu respuesta me parece de 10.

Sí me parece remarcable, que en un mundo donde tenemos de sobra para tod@s, a muchos les falta y el resto estamos acojonad@s por si nos llegara a faltar algo de lo mucho que tenemos, o por si no conseguimos algo de lo mucho que deseamos (y que, en muchos casos, nos han educado para desearlo).

Hola! Exacto, las guerras nacen de las mentes. Creo que necesitamos un cambio de valores porque los de antes empiezan a estar caducos y, ya se ha visto que no llevan a ningún buen puerto.

Como siempre un placer leerte.

Felices fiestas. Un abrazo!

Me siento un poco en ese inicio de dejar de ambicionar tanto. Desde pequeña la autoexigencia me ha jugado “malas pasadas” aunque por suerte no realmente malas (no sé cómo pero salí de momentos que con perspectiva me podrían haber llevado a pensamientos negativos, a actitudes tóxicas y siempre tuve palabras bonitas para mí).
Lo que quería decir es que quizá para dejar de querer más hay que pararse y revisar lo que uno ha conseguido. Y hacerse la pregunta de “¿tengo lo que necesito? ¿para qué quiero más? ¿cuánto más? ¿será suficiente?”. No sé si la conoces pero me recuerda a la canción Society de Eddie Vedder que sale en la película Into The Wild.
Un abrazo!

Ostia p***! No conocía ni la canción, ni el autor. La peli sí, pero no la he visto. Como para no recordarte, dice lo mismo, pero con música y letras más bonitas 😅. Me ha gustado mucho ;-).

Me alegro de que en tu caso la autoexigencia no haya ido nunca a mayores. Opino como tú. No sé, incluso como sociedad, que no es más que la extensión de lo individual, hemos avanzado mucho en muchos temas pero no parecen haber logrado un cambio profundo en nosotros. En nuestra felicidad, satisfacción personal, paz mental, o como queramos llamarlo. Cuestionarse las cosas es vital.

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