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Autoconocimiento

Utilizar el sistema para cambiarlo

Perdiéndonos en lo de fuera o en el futuro no vamos a cambiar lo que sentimos y pensamos por dentro ahora. Eso que llamamos el mundo, es lo que percibimos e interpretamos nosotros en cada momento.

Sinceridad con un@ mism@

Como he comentado en alguno de los posts, uno de los problemas más frecuentes que nos encontramos cuando decidimos dar un cambio importante en nuestra vida es la impaciencia, el absolutismo, el deseo de pasar de cero a cien ya, ya, ¡ya!

Y así, no pocas veces, caemos en la frustración, en la incapacidad de lograr nuestras metas y, en casos más extremos, en la desesperación.

¿Por qué no puedo ser más tranquil@? ¿Más féliz? ¿Más relajad@? Queremos romper con todo, con lo que es, y, como ocurría en el programa «Lluvia de estrellas», aparecer de repente con un look totalmente nuevo. En nuestro caso, un look nuevo interior: una nueva forma de sentir, de pensar y de ser.

Negamos lo que es, lo que somos, con tanta rotundidad, que somos incapaces de hacer un análisis sosegado y cercano de la realidad de nuestro estado actual.

Cambiar el sistema desde dentro

Los estrategas políticos y organizacionales en general lo saben bien: si quieres cambiar el sistema, lo mejor es hacerlo desde dentro. Y para eso, es muy importante conocerlo al detalle.

No te pierdas tanto en el ideal, en lo que quieres llegar a ser. Y presta más atención a lo que es, a lo que eres. Sólo así podrás dar con una solución definitiva al problema. Si únicamente te fijas en la imagen deseada, lo más seguro es que sólo consigas sustituir un autoengaño por otro. Puede que encuentres un alivio temporal, pero el problema volverá a aparecer como la mierda que guardas debajo de la alfombra.

Cambiar es difícil, ya lo creo, pero más difícil si cabe es adentrarte en tus demonios, en tus problemas reales, en tus miedos, en tus intolerancias y en tus contradicciones. Eso sí que es chungo, porque escuece y mucho.

Pero no tengas miedo (o desarrolla más motivación y determinación que miedo), porque, una vez retirada la primera capa, sentirás que te has quitado un buen peso de encima. De repente, te invadirá un chute de confianza. No de prepotencia, pues te darás cuenta de lo confundid@ que estabas y de lo confundid@ que sigues. Pero tendrás más claro el siguiente paso a dar.

Aún sabiendo que seguirás cayendo en las tretas de tu propio ego muy de vez en cuando, sabes también que, con sinceridad con un@ mism@, poco a poco podrás escarbar un poco más y conocerte un poco mejor.

El camino se empieza por el principio, no por el final. Y para llegar lejos, hay que empezar por caminar cerca. Para no dar pasos en falso, o dar el menor número de ellos posible, primero invierte tiempo y energía en conocerte. Píllate. Píllate una y mil veces hasta que vayas comprendiéndote un poco mejor. Cónoce bien el sistema, y los pequeños pasos que van en dirección de una transformación real, irán viniendo casi sólos.

La autodisciplina y autoexigencia como aliadas

Llevamos años volcando la energía de nuestra autodisciplina y autoexigencia hacia fuera. El trabajo, las relaciones, el estatus, la nutrición, el deporte, etc.

En último término, para vivir con más serenidad, fluidez y productividad, tendremos que soltarlas. Pero de momento, no nos engañemos. Somos perfeccionistas y autoexigentes, ¿no?. Pues… ¡aprovechémoslo! Volquemos esa capacidad hacia dentro, hacia el autoconocimiento. Tratando de ver las trampas del ego.

Lo peor que nos puede pasar, es que nos agotemos. Y como dijo E. E. Cummings: «Sí puedes ser, sé. Si no, levanta el ánimo y ocúpate de asuntos ajenos, haz y deshaz cosas de otros, hasta que revientes.». O desde la visión de Lao Tsé: «Al vencerse a uno mismo, uno gana: nadie puede quitarnos la victoria.». En la redención, está la victoria. Suerte con la no-lucha 😉.

Conectemos

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4 respuestas a «Utilizar el sistema para cambiarlo»

Hola! Un post 10. Justamente vibra con el libro que he escrito, la importante del ser, como tu bien dices, prestando atención a lo que somos. Caminar cerca como dices y pasito a pasito, sin querer ir deprisa, se va avanzando hacia el conocimiento de uno mismo, tarea que da miedo, pero precisamente por eso es tan necesaria e importante.

Un abrazo gigante!

Me ha resonado mucho el tema de tener que soltar de vez en cuenta la autoexigencia y la disciplina para fluir. Me encanta ser autoexigente y disciplinada, pero también es mi talón de Aquiles así que desde hace un tiempo, cuando me paso de rosca con ello de forma bastante natural le hago la zancadilla a esa parte de mí, me permito descansar, fallar… lo que sea y me repito: tanta maldita norma tiene que estar para saltársela de vez en cuando. Un abrazo, Víctor! Disfruto mucho con tus post 😊

Hola Isa!

Te comprendo perfectamente. Reconozco que me da un buen chute de dopamina cuando me enfrasco dándolo todo en el curro o el deporte y los resultados son satisfactorios. No creo que haya mucho problema en eso mientras estás en el momento «in the zone». Es decir, sin «yo», sin ego.

El problema creo que está más bien cuando aparece el yo, la autoexigencia, la frustración, el querer llegar a todo y llegar bien… Cuando aparece el factor psicológico, la comedura de tarro… Ahí la hiperactividad, autoexigencia, disciplina y perfeccionismo, creo que pierden su razón de ser, y se convierten en herramientas disfuncionales. La mente, en ese momento, haría bien en hacer un «switch off» 🙂

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