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Autoconocimiento

El momento es ahora

A veces parece que para llegar a vivir en el presente, para no estar continuamente condicionados por el pasado y el futuro, necesitamos esforzarnos. Pero, ese mismo, esfuerzo, nos aleja del presente. El momento es ahora.

La trampa de la expectativa futura

Much@s de nosotr@s vivimos proyectados en el futuro. Buscando metas o momentos placenteros a nivel de físico, psicológico, social, profesional, etc.

Estamos acostumbrad@s, porque así nos lo han enseñado desde muy pequeñ@s, a sacrificar el presente para alcanzar un futuro mejor. Son imnumerables los ejemplos que me vienen a la cabeza:

  • «Si te quedas quieto y no haces ruido, luego vamos a jugar al parque»
  • «Si estudias ahora, luego podrás tener éxito profesional e ingresos recurrentes»
  • «Aunque no te guste, es bueno que des clases de violín, pues las personas con formación músical suelen ser más inteligentes»
  • «Cuando seas mayor, me lo agradecerás»
  • «Aunque no te apetezca, queda con tus amig@s, no te vayas a quedar sól@»
  • «No salgas tanto, el fin de semana es mejor que te quedes estudiando»

Etc. Etc.

El esfuerzo de hoy es el medio para conseguir la felicidad y el descanso del mañana, ¿no es así?

El cuento del pescador

Hay una historia que me leí hace tiempo, y que hace poco me vino a la cabeza. Se trata de un minirelato de un pescador y un empresario.

Tras un año extenuante en el trabajo, un gran empresario se vio «forzado» por su familia a pasar una semana con ellos en la naturaleza. Él no quería, pues no confiaba en que la empresa funcionara bien en su ausencia, pero su mujer y sus hijas le insistieron tanto que al final accedió.

Como no estaba acostumbrado a tratar con su familia, no tardó mucho en salir a dar un paseo sólo. «Así puedo planificar cosas para cuando vuelva a trabajar», pensó. Cuando llevaba recorridos un par de kilometros, sumido en sus pensamientos, se topó con un río. Y, en la orilla de éste, descansaba un hombre sobre una hamaca. Al lado del hombre vió unos utensilios para pescar, pero estaban todos repartidos por el suelo y el cubo de los peces, completamente vacío. Cuando se acercó un poco más al río, pudo ver que éste estaba rebosando de peces de todo tipo.

Ante tal situación, no pudo evitar preguntar al pescador: «Señor, ¿no ha visto todos los peces que tiene disponibles para pescar?».

El pescador, algo molesto y sorprendido, contestó: «Sí, claro, conozco este río como la palma de mi mano».

El empresario, entonces, volvió a preguntarle: «Pero, habiendo tantos peces en el río, ¿por qué no está usted pescándolos?».

Y el pescador, algo resignado, le respondió: «A la mañana ya pesqué lo necesario para el día. Ahora estoy descansando».

El empresario, estupefacto, insistió: «Pero… Habiendo tantos peces como hay, usted podría pescar mucho más de lo que pesca».

Y el pescador dijo: «¿Y para qué querría yo pescar más de lo que necesito?»

El empresario, cada vez más seguro de que ese aldeano era un poco tonto o ignorante, le contestó: «Porque así, podría vender los excedentes, todo el pescado que no requiera para comer usted y su familia, y ganar un dinero extra».

A lo que el pescador volvió a replicar: «¿Y para que querría yo hacer eso?».

El empresario, cada vez más seguro de sí mismo y altivo, afirmó: «Porque así usted, con ese dinero, podría irlo acumulando hasta crear una empresa exitosa, lo suficientemente exitosa como para emplear a otros pescadores, y ser usted el dueño de la misma».

El pescador, ya un poco aburrido, volvío a preguntar: «¿Y para que querría yo hacer eso?».

Y el empresario, con aire triunfal, le contestó: «Porque así usted, tras un sacrificio inicial de trabajar unos cuantos años más de lo que lo hace ahora, podrá dedicarse a descansar.»

A lo que el pescador replicó: «¿Y que cree que estoy haciendo ahora?».

Confundir el medio con el fin

Hay una verdad que, a pesar de ser muy clara y sencilla, nos empeñamos en vivir a espaldas de la misma. Cuando estás en el esfuerzo, en el sacrificio por algo, no estás disfrutando, no estás experimentando ese placer que estás proyectando en el futuro en tu cabeza.

En muchas ocasiones, este esfuerzo además suele ser bastante destructivo con nosotr@s y los demás y suele requerir bastante tiempo. La meta, el nirvana, el subidón, en cambio, suele durar bien poco. Si es que llega.

Y existe otra variable. Si estás constantemente esforzándote, sacrificando tu salud mental y física por un objetivo «mayor», ese es el patrón que estás alimentando. Esas son las redes neuronales que están reforzando.

Por tanto, cuando llegues a esa meta (insisto, si es que llegas), nunca será como lo habías proyectado. Primero porque la vida es dinámica, y esa imagen es estática, por lo que, como mucho, y con mucho autoengaño, el placer de haberla alcanzado puede durar un periodo corto de tiempo. Segundo, porque cuando llegues ahí, tu cerebro querrá más, querrá seguir en lo que ha aprendido, en sus hábitos de chimpacé 2.0: esfuerzo y sacrificio, llegar a más, seguir creciendo y acumulando.

Lo más interesante de esto es que no aplica sólo a metas externas, sino también a metas internas. Ansiando dejar de ansiar, generas más ansiedad. Suelta, deja estar, fluye.

Conectemos

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4 respuestas a «El momento es ahora»

Yo he llegado a un punto en mi vida que lo más importante para mi esmi paz mental,mi tranquilidad no tiene precio..mucho quierer acumular y acumular dinero perp a la hora de la hora dejan de vivir, y lo q más quiero yo es vivir sin necesidad de trabajar como esclava para sólo decir que tengo dinero

Hola Anyela!! Muy cierto. El dinero se ha convertido en uno de los falsos dioses TOP de nuestra época. Aunque también buscamos reconocimiento de otras maneras. Sobre la paz mental, se dice que para encontrarla hay que dejar de buscarla :-).

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