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Autoconocimiento Desarrollo personal

Dar las gracias a la ansiedad… ¿O no?

Muchas personas que dicen haber superado la ansiedad suelen utilizar la expresión de que dan gracias a la ansiedad. Por el aprendizaje que les ha reportado. Pero esto puede generar cierta frustración en aquellas personas que no se encuentran en ese punto.

La frase mágica

Todos los que hemos sufrido ansiedad creo que estamos deseando decirla, creérnosla de verdad e incluso compartirla a los 4 vientos. Parece la frase mágica, la frase definitiva: «Doy gracias a la ansiedad».

La escuchamos de boca de vari@s «anxiety survivors». «Doy gracias a la ansiedad porque era una mensajera». «La ansiedad es como la amiga que te indica que tienes un moco en la nariz». «Estoy tan agradecid@ a la ansiedad… Ella me hizo despertar». Etc. Etc.

¿Quién no envidia a las personas de estos testimonios? Creo que cualquiera que haya padecido ansiedad y no lo sienta de esa manera, experimenta esa emoción. Envidia, admiración, frustración…

Pero… ¿realmente esa es la frase definitiva? ¿La que separa a los que han superado completamente la ansiedad de los que no?

Aprender de la adversidad

Dejemos las preguntas anteriores para más adelante. Analicemos antes un tema apasionante. El de la adversidad. Venga ésta en forma de ansiedad o no.

Lo cierto, y así nos lo dicen filósofos como Séneca, Nietzsche o Viktor Frankl (del que ya hablé en otro post) es que, ante las situaciones que nos pone delante la vida, tenemos tres opciones: intentar aprender algo de ellas, dejarlas pasar o malutilizarlas.

Es decir, es nuestra responsabilidad decidir qué hacer con cada situación. Qué decisión tomar una vez estamos en ella, qué hacer después de haberla pasado y cómo actuar la siguiente vez que nos encontremos en una situación similar.

Ante la ansiedad, por tanto, tenemos estas tres opciones:

  1. Intentar aprender de ella.
    • Intentar entender por qué ha surgido. ¿He estado acumulando mucha tensión últimanente? ¿Me he exigido demasiado? ¿He eliminado o minizado los descansos? ¿He gestionado bien los momentos de tensión y relajación durante el día?
    • Intentar dar una respuesta adecuada: dar un paseo, hacer unas respiraciones conscientes, tumbarme en la cama y simplemente sentirla, etc.
    • Intentar actuar de distinta forma en el futuro: crear rutinas a primera hora de la mañana, al mediodía y a la noche para rebajar la tensión, establecer unos días a la semana para hacer deporte, socializar más, hacer meditación, leer libros interesantes sobre cómo afrontar la ansiedad, etc. Ver este post para más información.
  2. Pasar de ella, evitarla. Llamar a alguien para desahogarte, ver una serie en Netflix, atiborrarte a dulces, meterte una paliza de deporte brutal… No te fustigues si caes alguna vez en esta opción, pero creo que estaremos de acuerdo en que no es la mejor a largo plazo.
  3. Malutilizarla. Algunas de las acciones del punto 2 podrían caer en este punto también. Pero cuando me refiero a malutilizarla, estoy pensando más en la adquisicion hábitos dañinos (de pensamiento y/o acción) a largo plazo: victimismo, aislamiento, depresión, trastornos de ansiedad (TOC, anorexia, ataques de pánico, tensión generalizada, etc.).

Esto es, ante la ansiedad podemos responder de manera adaptativa (volviendo a nuestro centro), evitativa (posponiendo dar una respuesta adaptativa) o destructiva.

El proceso típico

Siendo sinceros, y basándome en mi propia experiencia, lo normal, y sobre todo en los primeros episodios de ansiedad, lo típico es caer en las respuestas de tipo 2 y 3. Según Borja Vilaseca es un proceso inevitable. Y según la mayoría de mis referentes también parece ser así porque al menos en su caso así ha sido (casos como Ramiro Calle o Íñigo Lacasa).

Si has caído en las respuestas de tipo 3, por tanto, no te castigues. Bienvienid@ al club. Pero tengo una buena noticia para ti. Hay salida. Y no sólo eso. Es apasionante.

Volviendo a las preguntas iniciales

Como te decía, la salida del pozo, del fondo, es apasionante. Ahora bien, bonita, fácil, sencilla… No diría. Requiere mucha perseverancia y una gran dósis de esfuerzo. Por otra parte, nada que no tengas o puedas desarrollar. Tod@s podemos. Son cualidades que cualquier ser humano puede cultivar. Cualquiera.

Esto no se trata de ser inteligente, guap@, creativ@ o cualquier otra cualidad que puede estar más asociada a la genética (lo cuál no quiere decir que no podamos trabajar sobre ellas). La capacidad de salir de la ansiedad es tan innata como la capacidad para generarla en un@ mism@.

Entonces, volviendo a las preguntas iniciales, ¿realmente esa es la frase definitiva? ¿La que separa a los que han superado completamente la ansiedad de los que no?

Pues sinceramente, no lo sé. No lo sé porque yo hoy en día ni odio ni doy gracias a la ansiedad. Me ha acompañado mucho en mi viaje de vida, y me visitará de vez en cuando, aunque seguramente con menor frecuencia e intensidad que en momentos pasados recientes. No hay día que no trabaje para ganar más serenidad, fluidez y productividad. Cuando tienes esa determinación, la ansiedad lo tiene mucho más difícil. Te lo aseguro.

Pero con el tema de dar gracias a la ansiedad he hecho como con el tema de si venimos a este mundo a aprender o nuestra existencia en este mundo no tiene sentido y aprender es una opción más.

Me da igual, porque el resultado va a ser el mismo: elijo aprender porque es de lejos mejor opción que no hacerlo. Elijo poner consciencia sobre aquello que era inconsciente porque lo contrario no me ha reportado resultados satisfactorios.

No sé si doy gracias o no a la ansiedad. Y me da lo mismo. Porque mi ruta va a seguir marcada por el objetivo de ganar en serenidad, fluidez y productividad. Enfoquémonos en lo importante. Y dejemos fluir. Porque la vida fluye. Fluía antes de nuestra existencia y lo hará también tras nuestra muerte.

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