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Autoconocimiento Desarrollo personal

La ley psicológica del 51% (de propia creación)

En este post te explico cómo conseguí empezar a tomar decisiones beneficiosas para mí y las personas de mi entorno y vencer esas fuerzas de ansiedad, obsesión, tensión, incertidumbre, o duda contínua que nos acechan en ciertas etapas de nuestra vida.

La rueda del hamster

Si has leído mi historia personal ya sabes que durante largos periodos de mi vida las he pasado canutas (por ser fino y elegante). No a nivel externo, donde nunca me ha faltado de nada, sino a nivel interno, donde casi siempre me ha faltado de todo.

Son momentos oscuros, donde se te pasa por cabeza bajarte del tren de la vida. Momentos en los cuáles no ves salida, crees que es algo genético tuyo o un mal endémico del mundo pero, en cualquier caso, nada solucionable. No ves ninguna señal de alguna palanca que pueda accionar un futuro diferente del pasado y presente que has sufrido y sufres.

En esos periodos solemos paralizar nuestro aprendizaje vital. Simplemente nos dedicamos a dar vueltas en círculo sin percatarnos de que el circuito cerrado nos los estamos construyendo nosotros sólos. Esos surcos mentales que repetimos una y otra vez, en forma de pensamientos repetitivos, obsesivos, intrusivos y recurrentes, lo que hacen es reforzar circuitos neuronales en un círculo vicioso que parece imposible de romper.

Es por ello que muchas veces el síntoma que aparece es el TOC, pues se alimenta de pensamientos de este tipo: recurrentes, obsesivos, etc.

Cambio de chip

Es por esto que yo muchas veces me preguntaba si esos surcos, esas tendencias obsesivas, estaban ya en mi de forma genética o los había generado yo al caer en la rumiación un día, de repente otro día, y así de forma cada vez más frecuente hasta crear la autopista cerebral por la que el cerebro va casi sólo, de forma natural, sin señales de stop.

Lo más probable, es que, como casi siempre, haya un poco de todo. Parte genética y parte aprendida. Pero lo que es seguro es que… ¡me da igual! Y me da igual por dos razones:

  •  Lo que es, es. Ya está, no hay que darle más vueltas. Y es que no me va a ayudar nada meterme en una terapia de 10 años de psicoanálisis para darle todavía más vueltas al tema y construirme ruedas de hamster cada vez más sofisticadas y de las que cada vez es más difícil salir.
  • La plasticidad neuronal o neuroplasticidad. Seguramente a mí, y a ti, nos cuesta en parte tanto creer en que podemos cambiar porque durante gran parte de nuestra historia moderna creíamos que no podíamos (como sociedad). El descubrimiento de que el cerebro cambia anatómicamente con la experiencia comenzó a tener evidencia científica en los sesenta. Es de entender, por tanto, que muchas de nuestras estructuras políticas, sociales y culturales parten de la premisa contraria.

Por tanto, dos conclusiones claras podemos sacar a mi parecer. 1- El pasado no puede cambiarse, mejor dejarlo ahí, que juegue él solito. 2- Tú si puedes cambiarte, si te das permiso. Nuestro aprendizaje vital no finaliza al llegar a la edad adulta. De hecho, si te fijas en mi minibiografía, la etapa adulta la titulo como «Adultez», entre comillas. ¿Por qué? Porque ahora considero que es precisamente ahí cuando empieza nuestro verdadera etapa de cuestionar todas esas creencias que nos han metido en cabeza, desaprender las que son erróneas y comenzar un proceso genuino de autoconocimiento.

La ley psicólogica del 51%

Y aquí es donde expongo la ley a la que hacia referencia en el título.

Como he explicado en primer apartado, cuando estamos jodid@s, no vemos salida. Todo es negro. Nos sentimos como cubitos de hielo en el congelador. Siempre iguales. Sin posibilidad de cambio.

Pero las psicologías orientales desde hace un porrón de años, y ahora también la ciencia moderna, nos dicen: no, tú puedes cambiar, evolucionar, adaptarte. Hay una evolución genética, entre generaciones, pero hay también una evolución personal, en base a la experiencia de cada persona. Ojo, repito, en base a la experiencia de cada persona. Entonces…. ¿qué es lo que nos va a permitir cambiar? ¿Cómo podemos modificar nuestro cerebro? Exacto, con la experiencia.

Pero… ¿qué nos ocurre cuando estamos cerrados, depresivos, ansiosos perdidos? Que nos cerramos a la experiencia, y, por tanto, al cambio. Es la pescadilla que se muerde la cola.

¿Y cómo puedes salir tú de esa rueda del hamster? Pues aplicando la misma regla que apliqué yo al principio de forma inconsciente: la regla del 51%.

Normalente, ¿cuándo nos suelen aconsejar que tomemos una decisión? Cuando estamos seguros al 80-90%, ¿no? Para estar seguros y no dejarnos llevar por la locura transitoria. Pero cuando estamos con la mentalidad de cubito de hielo, dándole vueltas una y otra vez a la misma cosa… ¿Y si…? ¿Pero que pasa si…? ¿No será demasiado arriesgado…? A no ser que estés pensando en autolesionarte o lesionar a otros la respuesta es… ¡Actua ya!

No esperes a llegar a ese 80-90%, porque no va a llegar nunca. ¿Por qué? Porque estas secuestrado por tu amígdala y por hemisferio izquierdo. La primera es adicta al miedo y el segundo a la rumiación y el análisis. Lo cual quiere decir que si has llegado a la conclusión de que igual, en un 51%, podría venirte bien X… ES ASÍ. Es así porque te lo está diciendo tu hemisferio derecho y lo poco que queda cuerdo del izquierdo, que están luchando contra la otra mitad de tu cerebro. Todo esto es simbólico, pero creo que ya me entiendes. En realidad, ese 51% es el 151% sobre 200% de tu ser que te está diciendo: hazlo, experimenta. Apúntate a esa clase de baile, al gimnasio, empieza a pintar, pídele a ese amigo quedar para tomar un café…

EXPERIMENTA. Y así podrás poner en marcha la neuroplasticidad y comenzar a construir nuevas autopistas. Serenas, fluidas y productivas 😉.

Conectemos

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2 respuestas a «La ley psicológica del 51% (de propia creación)»

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